​Arte contemporáneo e Iglesia son incompatibles, por Ismael Francisco Sánchez.

Nuestro colaborador Ismael Francisco Sánchez nos trae un nuevo artículo sobre el mundo del Arte. ​
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Iglesia de el salvador interior horz


Según varias teorías, nos percatamos de un posible renacer del tradicionalismo artístico, sin embargo la situación contemporánea de las artes sigue sin caducar. Teniendo en cuenta que el ser humano tiene la necesidad de cuestionarse acerca del ser, sabemos que el arte funciona como medio ante la religión, lo que crea una relación entre estas; sin embargo en las últimas décadas esta función se ha redimido al arte más que a la educación visual y lo más importante, la religión.



Uno de los grandes afectados por las últimas vanguardias es el arte sacro pues en su tiempo tuvo gran relevancia tanto en Hispanoamérica como en las comunidades españolas que no solo intentaban reunir nuevamente las imágenes perdidas en la Guerra Civil, sino preferentemente por fervor demandar obra de imaginería y en menor medida pinturas.


En la actualidad debido a las ideologías modernas y la tendencia anti católica escéptica encontramos un declive del sector; pues además del desinterés social, las diócesis se centran en el mantenimiento del patrimonio y la pequeña adquisición de obras de estilo contemporáneo, un acto hipócrita que tiende a mezclar tales estilos creando un ambiente de confusión. Un infausto ejemplo fue el caso de la catedral gótica de Burgos, cual fue víctima de un proyecto que buscó sustituir las puertas neoclásicas por unas de estilo Contemporáneo. Como es obvio creo el rechazo de la gran mayoría de artistas académicos, un ejemplo es el escultor Salvador Amaya.


Debido a la funesta educación artística (que educa a los futuros artistas en el hampartismo) se ha extinguido la producción tradicional de obras, pues los artistas que intentan retomar dicha actividad siguen conservando una paleta y pincelada propias del S. XIX, S.XX u S.XXI. Usamos de referencia al pintor Raúl Berzosa, cual pinta para el Vaticano y otras ramas de la Iglesia; este artista crea obras academicistas que estéticamente cumplen con los requisitos decorosos de estar en una sede de Dios, sin embargo presenta una paleta y pincelada propias de un pintor vanguardista como Sorolla, algo inapropiado según la norma tradicional de las artes sacras.


Existen varias diferencias que nos apuntan al estilo más apropiado, en el realismo pictórico que acaba en el S. XVIII apreciamos como la pincelada en los rostros pasan a ser metafóricamente aplicadas con caricias, mientras que los artistas actuales usan la misma pincelada para los tejidos y la cara. Vemos en obras nuevas el uso preeminente de cielos deslumbrantes y típicos de una edición digital ultra saturada difiere de la cercanía con Dios que los barrocos como Velázquez u El Greco creaban con dorados, azules reales y nácar.


Teniendo en cuenta lo dicho sugerimos una serie de alternativas, en primer lugar lo adecuado sería una reforma educativa en las facultades de Bellas Artes dejando de lado la preferencia por los estilos contemporáneos y abarcar la inmensidad de conocimientos que existen en el ámbito, mas debido a la indiferencia del organismo rector y gubernamental solo existe la alternativa del estudio individual siendo así un proceso de indagación u copia de las técnicas y motivos de los grandes maestros; por otra parte estaría la postura de la Iglesia sobre la adquisición del arte sacro.



El organismo eclesiástico ha dejado el tan celebérrimo y rico mecenazgo para redimirse a la puntual adquisición de obras que sirven de relleno para los templos conceptuales; para revertir esta situación se ha de concienciar sobre la realidad que está generando el estilo contemporáneo pues ante la nueva adquisición de obras debería ajustarse a su propio patrimonio del pasado y basarse en los anteriores estilos, comparando así con los artistas actuales. 


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