Entre las razones de exclusión se encuentran la edad, el tipo de centro educativo, las necesidades de apoyo que tenga y el precio.

​El alumnado con discapacidad intelectual y del desarrollo tiene derecho a disfrutar de campamentos de verano accesibles.

Las familias reclaman la necesidad de que existan campamentos de verano inclusivos y que se adapten a las necesidades de sus hijos e hijas.
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Plena inclusión Canarias ha realizado un estudio en el que han participado más de 190 familias de todas las islas para visibilizar la necesidad de campamentos de verano accesibles en el archipiélago.


Cada año, la llegada de la época estival pone a muchas familias en una situación de necesaria organización para poder conciliar la vida familiar y laboral, así como de promover oportunidades de interacción con iguales. Esta situación se agrava para la mayoría de familias con hijos e hijas con discapacidad intelectual y del desarrollo.


En nuestra Comunidad Autónoma existe una insuficiente oferta de plazas para que el alumnado con discapacidad intelectual y del desarrollo pueda disfrutar de campamentos de verano organizados por organismos públicos que contemplen los ajustes personalizados que necesita cada persona, a lo que se suman otras variantes de exclusión como la edad del alumnado, el tipo de centro educativo (CEE), las necesidades de apoyo que tengan y el coste que pueda suponer para las familias.


El 97% de las familias que participaron en el estudio respondieron que tienen la necesidad de inscribir a su hijo/a en este tipo de actividades para conciliar, y, sin embargo, más de la mitad (54%) nunca ha disfrutado de un campamento de verano.


M.R.M, madre de una alumna de 14 años que cursa estudios en un Centro de Educación Especial, comenta “si no encuentro un campamento de verano al que pueda ir mi hija, tendré que buscar otras alternativas como el teletrabajo o pedirle a algún familiar que me apoye. El organizado por el Ayuntamiento no me permite inscribirla al estudiar en un Centro de Educación Especial”.


Las familias manifiestan en el estudio que la edad máxima a la que están destinados los campamentos de verano públicos son los 14 años, lo que excluye la participación del alumnado que sobrepase esa edad, por lo que destaca la necesidad de promover actuaciones dirigidas a estos jóvenes, tengan o no discapacidad. Cuando hablamos de personas con discapacidad intelectual y del desarrollo, la edad no puede ser un elemento excluyente, ya que las necesidades de apoyo de estas personas siguen existiendo y las familias siguen necesitando alternativas para conciliar.


Del testimonio de las familias destaca la preocupación compartida por la falta de personal cualificado que comprenda cómo sienten, cómo ven, cómo aprenden y qué apoyos necesitan las personas con discapacidad intelectual y del desarrollo, y la baja ratio de profesionales (1:15 o 1:20).“Me genera intranquilidad e incertidumbre que me llamen para que me digan que ya no puede asistir porque no entienden un determinado comportamiento, que no lo dejen participar en determinados juegos y que no se le explique las normas de los juegos de manera comprensible o con el apoyo de pictogramas” Así trasmite su preocupación A. V., madre de un alumno de 10 años con Trastorno del Espectro del Autismo (TEA).


Otra de las dificultades a las que se enfrentan es el coste. Hay una oferta de campamentos de verano organizados por centros privados y que admiten a niños y niñas con discapacidad intelectual y del desarrollo cuyo precio, en comparación con los organizados o cofinanciados por organismos públicos, son imposibles de asumir por muchas familias. Según M.R.M “suponen un mes de hipoteca”.“Entiendo que haya que pagar un personal especializado, pero es que siempre las familias que tenemos hijos con discapacidad tenemos que pagar más por todo: terapias, servicios especializados…En mi caso, es un gran esfuerzo porque ahora mismo estoy desempleada” se sincera A. V.


M.R.M. también comparte “nos sentimos tristes porque llevamos luchando por nuestros hijos desde que nacen, por su inclusión, que haya actividades para ellos y que la inclusión sea plena en todos los aspectos. Las familias no queremos que sean campamentos solo para niños con discapacidad, queremos que la inclusión sea real, y que todos los niños y niñas con y sin discapacidad puedan compartir un mismo espacio, que estén en otros entornos, que amplíen conocimientos, que puedan relacionarse con otras personas…”


Plena inclusión Canarias reclama, junto a las familias que han participado en el estudio, el derecho de sus hijos e hijas a participar plenamente en los campamentos de verano, independientemente del apoyo que necesiten, de su discapacidad, edad o centro educativo en el que cursen estudios, y que, además, no les suponga un sobrecoste. Promover entornos y servicios comprensibles para todas las personas generan espacios inclusivos y favorecen el desarrollo de todas las personas, tengan o no discapacidad. 


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