​La Federación de Baloncesto da la espalda a la mayoría en La Palma.

A la Federación Insular se le ha ido la cabeza o eso parece. Algunos clubs ya dudan de quien manda realmente en la misma, pero de lo que no hay debate es que se ha perdido la cordura.
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Baloncesto La Palma 2



En unos tiempos de incertidumbre como los que corren (COVID-19), a la Federación Insular de Baloncesto le ha dado por pretender iniciar las competiciones de prisa y corriendo con el apoyo de algunos clubs, desoyendo así a la mayoría de ellos, que han presentado varias peticiones escritas para paralizar el inicio de la competición hasta, al menos, enero de 2021. 



De nada ha valido que sean mayoría los clubs que prefieren esperar para el inicio de la temporada. La Federación Insular hace caso omiso a los mismos y arrancará las competiciones “si o si” en los próximos días. Parece que la reflexión, la democracia, la empatía, la responsabilidad y coherencia son aspectos que no entran en juego en el baloncesto palmero. ¿Por qué?, se preguntan algunos.


A grandes rasgos, la situación es la siguiente:


a. La Federación Insular había impuesto hace días la firma de una declaración responsable por parte de cada club en donde los mismos tenían que garantizar “que ningún participante presenta sintomatología compatible con el Coronavirus SARS-CoV-2 o cualquier otro síntoma típico de las infecciones”, aunque el punto más polémico era el número dos, que pretendía certificar “que ningún participante ha dado positivo ni ha tenido contacto estrecho con alguna persona o personas con sintomatología posible o confirmada de COVID-19 en los 14 días inmediatamente anteriores”. El Club que no firmara el pretencioso documento no podría disputar las competiciones insulares. Ante tal atropello, varios clubs se negaron a firmar tal imposición y el ente federativo se ha visto obligado a bajar “el nivel de exigencia” en lo que para muchos era una petición denunciable.


b. Por otra parte, varios Ayuntamientos, con buen criterio, han establecido que al menos hasta enero no estarán disponibles sus instalaciones para la disputa de partidos y otros tantos sólo las ceden con limitaciones estrictas, algo obvias y entendibles por la situación sanitaria que vive el país y Canarias. Las medidas son muy restrictivas en cuando al número de partidos a disputar, algo muy lógico y loable por parte de la administración.


c. Seguidamente, y a pesar de que cuatro de los siete clubs han pedido formal y madera argumentada, no comenzar la competición hasta el mes de enero, siguiendo las recomendaciones de las administraciones públicas, la Federación ha hecho omiso y pretende iniciarla el último fin de semana del mes de noviembre con los tres clubs que si quieren disputar las ligas insulares en estos momentos.


¿Qué ocurrirá? Es imprevisible. El órgano federativo lejos de atender a la mayoría, lejos de ser coherente y empático con la situación actual, pretende arrancar unas competiciones a la fuerza e incluso a la carta: “el que quiera juega ahora y el que no, espera a enero”. ¿Qué disparate es este? ¿A qué se deben estas prisas por iniciar la competición? Estamos hablando de niños y niñas, no de profesionales.


Se da la paradoja de que la temporada pasada la competición arrancó en enero debido a que, fundamentalmente, el Cabildo Insular no había publicado -e ingresado- la resolución de subvenciones deportivas pero también a que no estaba claro quien pagaría los costes arbitrales. La mayoría de clubs no quisieron iniciar la competición por un tema estrictamente económico. Un año más tarde, parece que la incertidumbre sanitaria a corto plazo no es suficiente y los que hace un año no querían arrancar por dinero hoy si quieran hacerlo.


El Presidente del Club Baloncesto Sauces, José Domingo Fernández, lo tiene claro: “la Federación comete un grave error dando la espalda a la mayoría de clubs y posicionándose con una minoría. Es un disparate el devenir de los acontecimientos en la última semana. Hay clubs que no tienen cancha donde jugar sus partidos y aplazar sus partidos de forma indefinida es una huida hacia delante”. Para Fernández, parece que “hay prisa por amarrar el número de licencias, que por cierto se traduce en dinero. A nadie le puede parecer lógico que equipos palmeros estén jugando contra equipos de islas que están en semáforo rojo por mucho protocolo que exista. No somos profesionales. La salud es lo primero”.


Y es que las ligas autonómicas ya han comenzado con el agravante pero esos jugadores también disputan las competiciones insulares o están en contacto con la población local en su vida diaria. El presidente saucero sostiene que “esto no es un pasatiempo, no es sólo un partido lo que está en juego”. No podemos obviar la estrecha relación que existe entre La Palma y Tenerife ni el hecho de que muchos jugadores tienen contacto estrecho en determinadas épocas con muchas personas que viven en la isla vecina.


El CB Sauces, como otros clubs, lo tiene claro: no arrancará la competición de base sin que la situación sanitaria se estabilice y sin que los ayuntamientos cedan las instalaciones con ciertas garantías. Fernández sostiene que “hemos intentado dialogar con la Federación, pero es imposible. Todos sabemos que en ninguna de las 40 temporadas anteriores se habría iniciado la competición ante una circunstancia así”, haciendo referencia a cuando las ligas insulares estaban bajo el paraguas de la Promoción Deportiva del Cabildo Insular (esta será la primera temporada sin que el Cabildo tenga la competencia en el baloncesto insular). Para el saucero esto explica por qué se insistía tanto en que las competiciones fueran federadas “para imponer su criterio e interés sobre el del interés general sin olvidar el interés económico del mismo”.



José Domingo no duda en afirmar que “la Federación parece vivir al margen de la realidad, la que nos dice que muchos colegios -y por lo tanto jugadores- están en grupos burbuja y no pueden mezclarse ni con alumnos de otros cursos en su mismo centro educativo”.El presidente del Sauces cree que algunos no quieren entender que el baloncesto palmero no es profesional sino que es un hobby y esto pasa porque “en algunas personas prevalecen criterios e intereses económicos y personales”.


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